Tomar la decisión de dejar un empleo es un paso importante y es fundamental hacerlo de manera correcta para no perder ningún derecho económico adquirido. Como trabajador, tenés el derecho irrenunciable a terminar el vínculo laboral en el momento en que lo consideres oportuno.
Sin embargo, para saber exactamente qué debes hacer al renunciar, primero es necesario distinguir las diferencias legales que existen según el motivo de tu desvinculación:
1. Renunciar sin justa causa (Renuncia voluntaria)
Es el caso más habitual. Se da cuando el trabajador decide renunciar a su trabajo sin invocar un incumplimiento de la empresa (por ejemplo, porque consiguió una oferta superadora, por mudanza o motivos personales).
En este escenario, la ley no prevé ninguna consecuencia negativa para el trabajador. Al enviar el telegrama de renuncia estándar a través del correo, finaliza el vínculo y la empresa tiene la obligación de depositarte tu liquidación final obligatoria (que incluye los días trabajados del mes en curso, tus vacaciones proporcionales no gozadas y el aguinaldo proporcional). Tené en cuenta que bajo esta modalidad, no te corresponde cobrar una indemnización por despido.
2. Renunciar con justa causa (Despido indirecto)
Este escenario es radicalmente distinto y requiere muchísima precaución. Si querés dejar tu empleo porque estás sufriendo irregularidades o incumplimientos graves por parte de tu empleador (tales como estar trabajando en negro, cobrar parte del sueldo fuera del recibo, sufrir atrasos en los pagos o padecer maltrato laboral), la ley te permite renunciar con justa causa.
Desde el punto de vista legal, una terminación del contrato con justa causa por culpa de la empresa se considera un despido indirecto. Esto significa que la empresa deberá pagarte todas las indemnizaciones legales del caso (antigüedad, preaviso, multas, etc.) exactamente igual que si te hubiesen despedido de forma injustificada.
¡Atención! Asesorate antes de enviar cualquier telegrama
El error más frecuente y costoso que cometen los trabajadores es acudir al correo y enviar un telegrama de renuncia estándar cuando, en realidad, estaban padeciendo irregularidades que justificaban un reclamo. Si enviás una renuncia simple, renunciás automáticamente a tu derecho de reclamar una indemnización.
Por eso, es de vital importancia que antes de enviar cualquier tipo de telegrama oficial, consultes a un abogado laboralista. Un profesional evaluará tu situación, te indicará qué tipo de comunicación debés cursar para proteger tu dinero y se asegurará de que recibas el correcto asesoramiento legal sobre los rubros que deberás cobrar.
No pongas en riesgo tu dinero. Consultanos de forma ONLINE las 24 hs. y asegurate de dar los pasos correctos antes de desvincularte.




